AUTONOMÍAS... ¿Y LUEGO QUÉ?

         Inicialmente publicada La Razón (07/09/2015 y luego en el libro Microensayos (2025)

Este es un ensayo prospectivo que analiza, a grandes rasgos, la situación del proceso autonómico en nuestro país, con la pretensión de responder a la pregunta planteada en el título bajo tres escenarios hipotéticos, diseñados a partir de las posibles configuraciones que podrían adquirir las relaciones de poder en el territorio, en perspectiva histórica y considerando, tangencialmente, algunas experiencias foráneas. Veamos:

 a. Escenario 1 (estabilidad). Las reformas avanzan hacia un estado de acomodación mutua entre todos los niveles gubernativos, sin subordinación alguna, y las políticas, así como una gran parte de las tareas de gobierno, se distribuyen y gestionan coordinada y cooperativamente, todo en el marco de un desarrollo competencial engranado y un adecuado reparto de recursos. Las instancias de coordinación territorial operan y coadyuban efectivamente en el proceso (P.E. el Consejo Nacional de Autonomías y los consejos Sectoriales). Así, las tensiones territoriales y las demandas descentralizadoras se contienen en un contexto en el que todos sienten que ganan o, cuando menos, que ninguno pierde. El modelo funciona bien y, con ello, se legitima y estabiliza.


b. Escenario 2 (conflicto regenerativo). Se produce una crisis de ajuste con resquebrajamiento del andamiaje organizacional y fallas en el funcionamiento estatal descentralizado. Esto es producto, en algunos casos, de los juegos de intereses y, en otros, de la oscuridad normativa, pero que son resueltos con celeridad y precisión mediante procesos políticos de concertación o con la intervención de los mecanismos judiciales correspondientes (Tribunal Constitucional, en nuestro caso). El sistema demuestra una notable capacidad de auto-regeneración al recuperar por sí mismo su legitimidad, con ajustes de profundidad variable producto de la autocrítica y reflexión colectivas, siempre en el marco de las reglas de juego.


c. Escenario 3 (conflicto desintegrativo). Los problemas se profundizan y emerge crisis de cambio, con ahondamiento de las contradicciones territoriales, generalmente excitadas por complicaciones económicas sin respuesta por parte de una institucionalidad que se ve rebasada y que tiende a sufrir en tal razón transformaciones de gran calado. Resurge la contradicción básica entre los que buscan profundizar una descentralización a la que consideran insuficiente y entre los que propugnan revertirla pregonando su fracaso. Esta contradicción suele evolucionar, en el último caso, hacia una centralización recalcitrante e indeseada; en el primero, hacia distintos modelos territoriales de carácter compuesto (federativos o no, como ocurre con el siempre vigente y renovado debate federal en España) y, en otras, hacia posiciones secesionistas, con tres casos paradigmáticos que nos pueden servir de ejemplo: i. El acuerdo político parlamentario para una desintegración pacífica, como fue el caso de la ex Checoslovaquia en 1993 (hoy República Checa y Eslovaquia)[1]; ii. La separación violenta, como acaeció en el caso de la otrora poderosa Yugoslavia, desencadenado la Guerra de los Balcanes, un acontecimiento histórico que no precisa de mayor abundamiento; y iii. La separación o adhesión democrática de un país a otro. Como ocurrió en el caso de Escocia frente al Reino Unido[2], esta vez mediante referéndum, opción en algún momento enarbolada por los soberanistas catalanes.

El actual modelo autonómico boliviano representa la opción que fue posible a fin de evitar la profundización de la conflictividad territorial surgida durante el proceso constituyente.

Ello impele a que, tanto el Estado como la sociedad, brinden su mayor esfuerzo para su consolidación, perfeccionamiento y acaso profundización; procurando acercarnos al primer escenario (lo ideal), o cuando menos al segundo (lo posible); pues, de fracasar el proceso por deslegitimación prematura, podrían resurgir con mayor fuerza las viejas tensiones centro-periferia, ojalá alejadas del tercer escenario (el riesgo), pero que abriría también un interesante espacio de debate, probablemente alrededor de la idea federal, de relativa aceptación en el oriente del país y fuertes resistencias en el occidente, lo que podría involucrar el ingresar a un siempre conflictivo proceso de reformas constitucionales. Estamos a tiempo para hacer que esto funcione.

Iván Arandia es doctor en Gobierno y Administración Pública



[1] Por disolución de Checoslovaquia (en checo: Rozdělení Československa, en eslovaco: Rozdelenie Česko-Slovenska) se entiende la desintegración del antiguo Estado de Checoslovaquia, escindido en dos nuevos estados, la República Checa y Eslovaquia, decisión que entró en vigor el 1 de enero de 1993.1​ A menudo se denomina el «Divorcio de Terciopelo» en español y otras lenguas, en referencia a la Revolución de Terciopelo de 1989 que condujo al final del gobierno comunista de Gustáv Husák y a la formación de un nuevo gobierno no comunista liderado por Václav Havel. Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Disoluci%C3%B3n_de_Checoslovaquia

[2] El referéndum para la independencia de Escocia de 2014 fue el intento del Gobierno de entonces por separar el territorio del Reino Unido. Con gran parte de la población independentista, el movimiento cuenta con representación parlamentaria, principalmente a través del Partido Nacional Escocés (SNP), y busca la secesión de Escocia para convertirse en un Estado soberano, como lo fue hasta el siglo XVIII. Disponible en: https://elordenmundial.com/que-fue-referendum-independencia-escocia-2014/

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